La obesidad se define como un exceso de grasa, determinado por un índice de masa corporal (IMC) superior o igual al 30%. La Organización Mundial de la Salud desde el año 2000 reconoce a la obesidad como una enfermedad, relacionada con un aumento en los riesgos de padecer enfermedades como diabetes, ciertos tipos de cáncer, problemas cardiovasculares. Además del problema de salud de las personas que la sufren, se produce un problema económico asociado a los costes que ésta tienen para la economía de un país. Costes asociados con el tratamiento tanto de la obesidad como de los problemas derivados de ella, así como costes derivados del absentismo laboral relacionado con la obesidad. Se puede leer un informe al respecto, realizado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada An Economic Analysis of Obesity in Europe: Health, Medical Care and Absenteeism Costs, (Análisis Económico de la Obesidad en Europa: Salud, Cuidados Médicos y Costes del Absentismo) elaborado por Anna Sanz de Galdeano, de la Universidad de Gerona.

El montante en estos momentos de dichos costes y sobre todos del incremento que van a tener dado el aumento de la incidencia de la obesidad, está llevando  a los gobiernos a buscar la manera de reducir la obesidad, en particular aquella debida al estilo de vida (sedentarismo, dieta) a través de mediadas legislativas que afectan en particular a la industria de alimentos y bebidas.

La cuestión es, regular el etiquetado de los alimentos, su composición y la publicidad, ¿van a tener algún efecto?, ¿es necesario algo más?

800px-Bmi30chartLa cuestión de la obesidad se debe de ver desde todos los ángulos posibles, la obligación a reducir azúcares, sal y grasas en los alimentos, la obligación de un etiquetado nutricional, el no poder hacer publicidad, por sí sólo no va a ser la solución. Por ejemplo, en Estados Unidos, es obligatorio el etiquetado nutricional de los productos alimenticios y como se puede ver en la gráfica la obesidad llega al 30%, luego esa no ha sido una medida efectiva.  Todas esas medidas, que más tarde discutiré, deberían de ir acompañadas de políticas de formación de los ciudadanos sobre dietas saludables, de cómo interpretar una etiqueta de valores nutricionales, la importancia del ejercicio físico.

El etiquetado nutricional no va a servir de nada si los consumidores no saben interpretarlo, no sólo como información, deben de ser capaces de convertir esa información en conocimiento que pueda ser usado para llevar dietas lo más saludables.  De nada nos sirve dar valores por 100 g, se deben de definir, antes de aprobar la legislación, lo que son porciones. Pero porciones que el consumidor comprenda fácilmente y que sean estándar dentro de cada categoría de productos. De tal modo que el consumidor, tenga el nivel educativo que tenga, sea capaz de forma sencilla saber lo que implica en términos de calorías, grasas, azúcares y sal, sobre su dieta el tomar una porción de un determinado producto. Por tanto junto a la regulación del etiquetado, se debe acompañar de las medidas de formación del consumidor para que el coste que nos va a suponer a la industria la obligación del etiquetado nutricional no caiga en saco roto debido a la imposibilidad de poder hacer uso de esa información por parte de un elevado porcentaje de los consumidores.

Regulación de la composición de los alimentos, no creo que obligar a una reducción drástica de grasas, azúcares, etc en los alimentos sea la solución. De nuevo, lo más importante es la educación de los consumidores, empezando por nuestros niños en edad escolar, sobre alimentación y dietas. Con ese conocimiento, serán capaces de elegir los alimentos más adecuados y será el propio mercado él que obligará a una reformulación de ciertos productos, y el mercado y ventas es algo de suma importancia para cualquier empresa. Esto unido a políticas auto-regulación por parte de la industria, será mejor tanto para el consumidor como para la industria que cualquier medida legislativa por si sola. La salud, se está convirtiendo en un punto de bastante importancia en las estrategias de las empresas, debido tanto al posicionamiento que están tomando con respecto a posibles medidas normativas, como por la exigencia de unos consumidores cada vez más concienciados con lo que comen y beben. Por tanto la labor de los gobiernos debería ser doble, por un lado mediante campañas educativas y por otro ayudas a este cambio voluntario de formulaciones, disminución en contenido de ciertos nutrientes y calorías, que están llevando a cabo algunas empresas. El apoyo a la industria es fundamental, ya que no todas la empresas son un Kraft, o un Nestlé, con los departamentos de investigación que tienen, para llevar a cabo estos cambios en la composición de sus productos. ¿Qué tipo de apoyos? Fiscales incentivando la inversión en I+D ya sea interna o externa a través de Universidades o Centros Tecnológicos, planes que encajarían muy bien dentro del objetivo de potenciar la I+D en España. La reformulación de los aliemntos no es algo sencillo y muchas veces será imposible de lograr las reducciones que en principio serían de desear debido a problemas tecnológicos. Por tanto, la educación del consumidor será esencial, tanto en lo que son dietas como en la importancia de la actividad física con su salud.

Publicidad, en este punto, en caso de no ser capaces de auto-regularnos (situación que en España parece que estar funcionando a través del código PAOS), entonces si debería de intervenir la legislación, a través de la prohibición de la publicidad en determinadas franjas horarias y a ciertos públicos, de aquellos productos que no cumplan con determinados perfiles nutricionales, elevado contenido en grasas, saturados, azúcares o sal.

En resumen, mi opinión es que se debe regular el etiquetado nutricional, pero con la finalidad de tener un modelo único y que permita educar a los consumidores y que les facilité la interpretación de las etiquetas. La composición de los productos alimenticios va a ser dictaminada por el propio mercado y los consumidores a través de la formación de éstos. Por último la publicidad ha quedado demostrado en España que la industria es capaz de regularse ella misma, una política que puede ser perfectamente trasladada al resto de Europa, sólo en caso de fallo en esta auto-regulación se podría plantear medidas legislativas al respecto. La clave de todo está en la educación del consumidor, y a esta labor usando la tecnología disponibles hoy en día a través de internet, las industrias pueden ser de gran ayuda. Por ejemplo mediante la creación de portales temáticos, usando blogs, wikis, donde cualquier consumidor pudiese encontrar la respuesta a cualquier duda sobre los productos que fabricamos, una especie de portal que centralizase todas las informaciones disponibles por parte de la industria al respecto de sus productos y su influencia en las dietas, sin necesidad de ir empresa por empresa para encontrar esas respuestas.

Todas la opiniones expuestas en esta entrada están realizadas a nivel personal y no representan la opinión de la empresa para la cual trabajo.

Espero vuestros comentarios.

Un saludo a to@s.


Compárteme :